martes, 12 de febrero de 2013

Via, veritas et vita









Ver en todas las cosas 
de un espíritu incógnito las huellas; 
contemplar 
sin cesar 
en las diáfanas noche misteriosas, 
la santa desnudez de las estrellas... 
¡Esperar! 
¡Esperar! 
¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura 
y no soñada paz... Sereno y fuerte, 
correr esa aventura 
sublime y portentosa de la muerte. 
Mientras, amarlo todo, y no amar nada, 
sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas; 
cuidar de que en el áspera jornada 
no se atrofien las alas, ni oleada 
de cieno vil ensucie nuestras plumas. 
Alma: tal es la orientación mejor, 
tal es el instintivo derrotero 
que nos muestra un lucero 
interior. 
Aunque nada sepamos del destino, 
la noche a no temerlo nos convida. 
Su alfabeto de luz, claro y divino, 
nos dice: «Ven a mí: soy el Camino, 
la Verdad y la Vida».

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